Discurso do Representante Permanente, Embaixador Sérgio França Danese, em do Conselho de Segurança das Nações Unidas sobre a Venezuela - 5 de janeiro de 2026 (texto em espanhol)
Declaración del Embajador Sérgio França Danese, Representante Permanente del Brasil, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas
5 de enero de 2026
Señor Presidente,
Brasil le agradece a la Presidencia somalí la convocatoria de esta sesión de emergencia del Consejo de Seguridad.
Brasil rechaza de manera categórica y con la mayor firmeza la intervención armada en territorio venezolano, en flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas y del derecho internacional.
Los bombardeos en territorio venezolano y la captura de su presidente traspasan una línea inaceptable. Estos actos constituyen una gravísima afrenta a la soberanía de Venezuela y sientan un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional.
La Carta de las Naciones Unidas establece, como pilar del orden internacional, la prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, salvo en las circunstancias estrictamente previstas en ella.
La aceptación de acciones de esta naturaleza conduciría inexorablemente a un escenario marcado por la violencia, el desorden y la erosión del multilateralismo, en detrimento del derecho y de las instituciones internacionales.
Los efectos del debilitamiento de los mecanismos de gobernanza y cooperación internacionales ya son evidentes: el número récord, desde la Segunda Guerra Mundial, de 61 conflictos armados activos; la cifra sin precedentes de 117 millones de personas en situación de catástrofe humanitaria en todo el mundo, reflejando el aumento de guerras, desplazamientos y crímenes contra la humanidad, como el genocidio en Gaza; y el incremento global de gastos militares, que se aproxima a la marca histórica de 2,7 billones de dólares.
Tal como Brasil ha sostenido en reiteradas oportunidades, las normas que rigen la convivencia entre los Estados son obligatorias y universales. No admiten excepciones basadas en intereses o proyectos ideológicos, geopolíticos, políticos, económicos o de cualquier otra índole. No admiten que la explotación de recursos naturales o económicos justifique el uso de la fuerza o el cambio ilegal de un Gobierno.
El mundo multipolar del siglo XXI, que promueva la paz y la prosperidad, no se confunde con áreas de influencia.
No podemos aceptar el argumento de que el fin justifica los medios. Este razonamiento carece de legitimidad y abre la posibilidad de otorgar a los más fuertes el derecho de definir qué es justo o injusto, qué es correcto o incorrecto, e incluso de ignorar las soberanías nacionales, imponiendo las decisiones que deben adoptar los más débiles.
América Latina y el Caribe han hecho de la paz una elección consciente, duradera e irreversible.
El recurso a la fuerza en nuestra región evoca capítulos de la historia que creíamos superados y pone en riesgo el esfuerzo colectivo por preservar la región como una zona de paz y cooperación, libre de conflictos armados, respetuosa del derecho internacional y del principio de no injerencia.
Las intervenciones armadas del pasado han tenido consecuencias profundamente negativas y duraderas. Al contrario de la libertad y de la democracia, esas intervenciones produjeron regímenes autoritarios y graves violaciones de los derechos humanos, dejando como saldo lamentable miles de muertos, presos políticos, torturados y personas desaparecidas, cuyos familiares aún hoy buscan a sus entes queridos, además de justicia y reparación.
Por primera vez en la América del Sur, se ha producido un hecho profundamente alarmante: una agresión armada externa con el despliegue de tropas y bombardeos en un país vecino contiguo de Brasil, con el que compartimos más de 2 mil kilómetros de frontera.
Señor Presidente,
América del Sur es una zona de paz, insisto.
Hemos sostenido y sostendremos con toda determinación la paz y la no-intervención en nuestro entorno.
Además, Brasil no cree que la solución de la situación en Venezuela pase por la creación de protectorados en el país, sino por soluciones que respeten la autodeterminación del pueblo venezolano, en el marco de su constitución.
Los hechos del 3 de enero trascienden el ámbito regional. El atentado contra la soberanía de cualquier país, independientemente de la orientación de su gobierno, afecta a toda la comunidad internacional.
Éste y otros casos de intervención armada contra la soberanía de un país, su integridad territorial o sus instituciones deben ser condenados con vehemencia. Corresponde a este Consejo asumir su responsabilidad y reaccionar con determinación, claridad y obediencia al derecho internacional, a fin de evitar que la ley de la fuerza prevalezca sobre la fuerza de la ley.
Brasil confía en que el futuro de Venezuela se construya por el pueblo venezolano, a través del diálogo, sin injerencias externas y en el marco del derecho internacional.
Muchas gracias