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Discurso del Embajador Antonio de Aguiar Patriota en la ceremonia de trasmisión de cargo del Ministro de Estado de Relaciones Exteriores - Brasília, 28 de agosto de 2013
Publicado en
28/08/2013 19:14
Actualizado en
29/06/2023 11:28
Hace apenas algunas horas llegué del Palacio del Planalto, donde participé de la ceremonia de posesión del ahora Ministro de Estado de Relaciones Exteriores, Embajador Luiz Alberto Figueiredo Machado.
Tuve la oportunidad de agradecer a la Señora Presidenta de la República por la extraordinaria oportunidad que me concedió de dirigir el Itamaraty en estos últimos dos años y medio. Fue la experiencia más gratificante de mi vida profesional y la viví de forma muy plena e intensa.
Le agradecí, también, por la nueva oportunidad que me proporciona de ejercer la función de Representante Permanente de Brasil ante las Naciones Unidas, área que me inspira desde los primeros momentos de mi carrera, cuando trabajé como Tercer Secretario en la División de Naciones Unidas. Será para mí, sin lugar a duda, un nuevo desafío profesional también altamente gratificante.
Agradezco, en particular, al Secretario General, Embajador Eduardo dos Santos, diplomático que une inteligencia, competencia, discernimiento y buen humor. Que también conste mi agradecimiento al Embajador Ruy Nogueira, quien lo precedió en la Secretaría General.
De igual manera, mis palabras de gratitud a cada uno de los Subsecretarios Generales, que actúan hoy como verdaderos Viceministros, atendiendo a una multiplicidad de demandas en sus respectivas áreas.
Un agradecimiento muy especial a la Ministra Fátima Ishitani, mi Jefa de Gabinete, colaboradora incansable, cuya lealtad y lucidez fueron para mí una contribución de enorme valor. Mis agradecimientos igualmente a cada uno de los demás integrantes de mi equipo del Gabinete, y al Asesor de Prensa, Embajador Tovar [da Silva Nunes], al Secretario de Planeamiento Diplomático, Embajador [José Humberto de] Brito [Cruz], y al Asesor de Asuntos Federativos y Parlamentares, Embajador Pedro [Henrique Lopes] Borio.
No quiero dejar de agradecer a los demás diplomáticos –y dirijo una palabra especial a los más jóvenes, que hace poco ingresaron a la carrera. No los conozco a todos por el nombre, pero tengo plena seguridad del potencial de ustedes en contribuir para nuestra capacidad de respuesta al desafío de una política externa con presencia universal y actuación crecientemente diversificada.
Agradezco a los demás funcionarios y empleados –de la Secretaría de Estado y de las Representaciones -, Oficiales de Cancillería, Asistentes de Cancillería, Conductores, Ordenanzas y demás categorías profesionales de las que invariablemente recibí apoyo y dedicación.
En una nota personal, me gustaría agradecer a tres personas creativas, originales, inteligentes y de las que siempre recibí cariño, apoyo y críticas constructivas, que se llaman Tania, Miguel y Thomas –mi mujer y mis dos hijos.
Estimados colegas:
Para mí es fácil trasmitir el cargo al Embajador Luiz Alberto Figueiredo Machado. Empezamos juntos en la DNU, en 1981, y seguimos nuestras trayectorias como amigos y colegas, con vínculos incorruptibles de confianza recíproca. Las cualidades del Embajador Figueiredo se evidencian, una vez más, en el gigantesco desafío que fue la organización y la realización de la Río+20, en la que se destacó como articulador del consenso, cumplido antes del plazo, en lo que concierne al documento final conocido como "El futuro que queremos". La Ministra Izabella Teixeira, aquí presente, también desempeñó un rol fundamental.
No creo que sea este el momento para un balance exhaustivo de realizaciones y para un análisis de los desafíos de nuestra política externa. Ocurre hoy una substitución entre profesionales de una misma carrera dentro de un Gobierno en que la política externa sigue desarrollándose bajo la orientación de la Presidenta Dilma Rousseff. Sin embargo, no quiero dejar de señalar algunos puntos que caracterizan la actuación externa brasileña: el fomento e impulso de la integración regional; la ocupación creciente de espacios en la escena internacional; la contribución continuada de los grandes debates políticos y conceptuales de la actualidad; la defensa de intereses específicos por medio de la dinamización de relaciones con el mayor número de socios en materia de comercio, de inversiones, de innovación, de ciencia y tecnología.
Hace pocos meses, en la celebración del Día del Diplomático, pude ilustrar las repercusiones de la ejecución de tales elementos de nuestra política externa, citando ejemplos como la consolidación de América del Sur como espacio de paz, cooperación, democracia y crecimiento con justicia social; la elección para importantes cargos internacionales de personalidades brasileñas; la participación brasileña en todos los debates internacionales de sentido estratégico; la mayor capacidad de apoyo a los brasileños en el exterior, así como al sector privado y a otros actores de la sociedad brasileña.
Considero que también es importante destacar que, en la última década, Brasil supo anticipar tendencias internacionales que hoy se consolidan en el sentido de una mayor difusión del poder y de la creciente participación e influencia del mundo en desarrollo de procesos decisorios, al mismo tiempo que los llamados "poderes establecidos" siguen desempeñando un papel relevante en la escena global. Así lo demuestra el aumento en nuestra red de Representaciones en el exterior, la ampliación de la trama de nuestras relaciones diplomáticas que abarca nuevos mecanismos de aproximación y diálogo con los países en desarrollo, como IBSA, ASPA, ASA y BRICS. Todo esto en una dinámica que no descuidó las relaciones con los países desarrollados, que siguieron mereciendo una atención volcada a la construcción de relaciones maduras, fundadas en el respeto mutuo y con énfasis en la innovación y en la competitividad.
Me gustaría también volver a enfatizar hoy la importancia que atribuyo a la creciente incorporación de la sociedad brasileña en los debates sobre la política externa. De ahí surge el proyecto que inicié con el fin de mejor estructurar el diálogo del Itamaraty con la sociedad civil, volviéndolo más sistemático y abarcador por medio de la fundación de un Foro de carácter consultivo.
Estoy convencido de que la mayor movilización de grupos de ciudadanía para lidiar con temas de la agenda internacional va a permitir avances más significativos en las cuestiones que más afectan la vida de los ciudadanos. Para un país como el Brasil, abierto y plural, la diplomacia del diálogo se convierte en una fuente de poder adicional, en la medida en que asegura autoridad y legitimidad democrática a la política externa.
Durante mi actuación al frente del Ministerio busqué, en la medida de lo posible, dirigirme a públicos compuestos por jóvenes. Busco transmitirles la idea de un Brasil que reúne todas las condiciones para actuar en el plano internacional, sin la necesidad de intimidarse ante cuestiones complejas y sin caer en la ilusión de que, por el hecho de que seamos un país grande, no necesitaríamos conocer y prestar atención a otras particularidades y las condiciones específicas de países más pequeños en nuestra región o en otras regiones.
Como dije en un reciente evento en Río de Janeiro, el ejemplo de Sérgio Vieira de Mello nos debe inspirar, incansable en su disposición para tratar problemas que parecían insondables y en su interés por el conocimiento de otras culturas, otras situaciones nacionales.
Me gustaría decir algunas breves palabras acerca de las responsabilidades que me confieren las nuevas funciones.
Recientemente, en palestra en el Centro de Derecho Internacional de la Universidad Federal de Minas Gerais, en Belo Horizonte, destaqué la importancia de que, en un contexto donde se verifica una descongelación (al menos parcial) del poder mundial, Brasil debe actuar de forma inequívoca en favor de la construcción de una multipolaridad basada en la cooperación. La transición hacia la multipolaridad supone nuevas e interesantes oportunidades, pero su aprovechamiento exige la valoración, por un lado, del multilateralismo y, por otro, del derecho internacional.
La promoción de una multipolaridad que tenga como tono predominante la cooperación –y no la confrontación– involucra al menos tres aspectos.
Primeramente, la preservación de las conquistas del último siglo, en particular los avances en el derecho internacional, con la consagración de principios de paz, diálogo y cooperación, como los de la Carta de la ONU.
En segundo lugar, la denuncia de las contradicciones y lagunas del actual sistema multilateral, así como la crítica a los unilateralismos y excepcionalismos.
Y, por fin, la necesidad de que no nos limitemos a la crítica, sino también que indiquemos caminos de formar creativa y propositiva.
Es así en los temas de paz y de seguridad, en las cuestiones de medio ambiente y desarrollo sostenible, en los derechos humanos, en la gobernanza de las telecomunicaciones. También es así en aquello que quizás sea el tema de los temas: la gobernanza global y la necesidad de su reforma.
Me inspira el sentimiento de que Brasil, en el siglo XXI, puede ser un vector de paz, prosperidad, justicia, derechos humanos y de la erradicación de la discriminación, sea por raza, género, orientación sexual o de cualquier especie. Para la realización de esa vocación del Brasil, no hay mejor plataforma que la de las Naciones Unidas.
No desearía concluir sin dejar de mencionar ciertos aspectos internos del funcionamiento del Itamaraty.
Considero especialmente importante el perfeccionamiento constante de las prácticas administrativas, en el sentido de mayor eficacia y transparencia y con el objetivo de perfeccionar, donde sea necesario, nuestra cultura institucional.
Ya no hay espacio en el Itamaraty de hoy para prácticas y comportamientos que no reflejen una ética de respeto recíproco y una actitud unísona tanto profesional como humana. Sé que el Embajador Figueiredo comparte esa preocupación y que dará seguimiento a los esfuerzos ya implementados en esa dirección.
Al mismo tiempo es imprescindible el respeto por la jerarquía y las cadenas de comando. Sin ese respeto, correríamos el riesgo de desencadenar procesos de consecuencias imprevisibles, capaces de causar perjuicios a nuestra cohesión, nuestra credibilidad, nuestra capacidad de acción y habilidad para ejercer influencia y solucionar cuestiones, incluso aquellas con componentes humanitarios y de protección de los derechos humanos.
Quiero decirles que cuando me despida de Brasilia, lo haré orgulloso de este Ministerio y de la calidad personal y profesional de sus funcionarios.
No me olvidaré del día en que, desentonando de la inspiración predominantemente pacífica y legítima de las manifestaciones de calle de junio pasado, el Palacio del Itamaraty fue objeto de intentos de invasión y vidrios rotos. Al presenciar todo esto, acudí al Ministerio con la sensación de que estaban invadiendo mi propia casa.
Al día siguiente las imágenes del "abrazo simbólico" al Palacio fueron un desagravio, y quedarán para siempre en mi memoria como símbolo de nuestra unidad como institución, de nuestra unidad en torno de la competencia y del profesionalismo y del propósito de trabajar por la construcción de una sociedad cada vez más plural, humana y democrática.
Hoy retribuyo todo aquello que recibí de ustedes con mi abrazo personal, que es el abrazo de un único individuo que no logrará proyectarse en el espacio como el abrazo al Itamaraty, pero que sí se proyectará en el tiempo, y perdurará como una marca de una gratitud sincera, de mi reconocimiento ante la grandeza de esta institución, grandeza cuyo fundamento es la calidad moral y profesional de sus funcionarios.
A todos ustedes, muchas gracias.