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Discurso del Embajador Luiz Alberto Figueiredo Machado en la ceremonia de toma de posesión como Ministro de Estado de Relaciones Exteriores - Palacio del Planalto, 28 de agosto de 2013
Con mucho gusto he aceptado la invitación de la Excelentísima Señora Presidenta de la República para asumir el cargo de Ministro de Estado de Relaciones Exteriores.
La tarea es desafiadora. Consiste en suceder a uno de los mayores talentos de la diplomacia brasileña, a mi amigo, Antonio Patriota. En él me inspiro para enfrentar las variadas y complejas cuestiones internacionales que incumben a un país de la talla del Brasil.
Mucho me enorgullece ser llamado para dirigir una institución que es referencia en el Estado brasileño. El Itamaraty quizás sea más conocido por sus tradiciones. Sin embargo, el dinamismo, la calidad y la capacidad de abordar los desafíos del Brasil contemporáneo son los aspectos que pretendo reforzar.
Asumo esta gran responsabilidad con el espíritu de colaborar en la consecución de las directrices del Gobierno de la Presidenta Dilma Rousseff, quien privilegia el crecimiento económico con inclusión social y protección ambiental como objetivos primordiales. Crecer, incluir y proteger.
Estos objetivos vienen otorgando identidad y peso internacional al Brasil. Vienen reforzando nuestra credibilidad externa. Dada mi experiencia en el área de desarrollo sostenible, específicamente mi trabajo realizado en la Cumbre Rio+20, soy testigo de que el Brasil es actor fundamental y líder en la escena internacional. Durante mi período de misión en la ONU, pude percibir el respeto y la consideración con que las posiciones brasileñas son recibidas por la comunidad internacional. La relevancia del Brasil, Presidenta, vino para quedarse
Me comprometo, cumpliendo las directrices de la Presidenta Dilma Rousseff, a volver el Ministerio de Relaciones Exteriores cada vez más útil al Gobierno y más próximo al Parlamento y a la sociedad civil. La oportunidad de trabajar por el Brasil es siempre –y siempre será- un privilegio.
En esta instancia no puedo dejar de hacer referencia al Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, como aquél que promocionó mi cargo de Embajador y en cuya gestión tuve la oportunidad de asesorar a la entonces Ministra Dilma Rousseff en las negociaciones acerca de los cambios climáticos.
No creo estar cometiendo perjurio, Presidenta, al recordar el hecho de que, a lo largo de los últimos años, Usted siempre estuvo particularmente comprometida en orientar de cerca las delegaciones a las cumbres climáticas, aun cuando tenía que ser consultada en horarios poco adecuados. Nunca faltó una orientación precisa y oportuna.
Este ejemplo de dedicación es el que quiero llevar para mi gestión en el Itamaraty. Es con sentido de misión y con buena voluntad de hacer lo mejor posible que prometo empeño, trabajo y dedicación a fin de contribuir para el futuro del Brasil.
Muchas gracias.