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Pronunciamiento del presidente Lula en la apertura del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026

Transcripción del pronunciamiento del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en la apertura del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, en la ciudad de Panamá, el 28 de enero de 2026
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Publicado en 29/01/2026 12:44

Señores jefes de Estado, señores jefes de Gobierno. Mi apreciado amigo José Raúl Mulino, presidente de la República de Panamá. Mi apreciado amigo Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina). Señores jefes de Estado, señores jefes de Gobierno, empresarios e invitados a este Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe.

Acepté con gran alegría la invitación para participar en un evento como este, ya que nosotros, los presidentes y gobernantes de América Latina, no podemos perder la oportunidad de debatir asuntos de interés para nuestra región.

Quiero comenzar agradeciendo al presidente ejecutivo de la CAF, Sergio Díaz-Granados, la honorable invitación a participar en la sesión de apertura de este Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe 2026.

Asimismo, quiero felicitarlo por su reelección para un nuevo mandato al frente de la CAF.

También quiero expresar mi agradecimiento al presidente José Raúl Mulino por la hospitalidad con la que nos recibe.

Saludo a todos los jefes de Estado y de Gobierno presentes, así como a los empresarios y a todas las personas, tanto mujeres como hombres, que participan en este evento.

La celebración de este Foro es muy oportuna en un contexto de crecientes desafíos geopolíticos, económicos y tecnológicos para el mundo y, en especial, para América Latina y el Caribe.

La elección de la ciudad de Panamá para acoger este evento tiene un simbolismo especial.

Esta ciudad es el verdadero punto de unión entre el Atlántico y el Pacífico.

Hace exactamente 200 años, aquí se reunió el Congreso Anfictiónico, en el que las jóvenes naciones americanas buscaban consolidar su independencia y definir su lugar en el mundo.

De aquel Congreso de 1826 surgieron muchas de las ideas que se plasmarían posteriormente en el derecho internacional moderno y en la Carta de las Naciones Unidas.

Entre estas ideas se encuentran el mantenimiento de la paz, la solución pacífica de las controversias, la garantía de la independencia política, la igualdad jurídica y la integridad territorial de los Estados.

Aunque este legado normativo y conceptual tiene un gran peso simbólico, resultó insuficiente para fomentar instituciones regionales efectivas.

Han pasado dos siglos desde el Congreso de Panamá y nos encontramos en uno de los momentos de mayor retroceso en materia de integración.

La breve experiencia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) entre 2003 y 2014 sucumbió al peso de la intolerancia, que imposibilitó la convivencia de visiones diferentes.

Volvemos a ser una región dividida, más orientada hacia el exterior que hacia sí misma.

Permitimos que se impongan conflictos y disputas ideológicas ajenas.

Las amenazas del extremismo político y la manipulación de la información forman ya parte de nuestra vida cotidiana.

Pasamos de reunión en reunión, llenas de ideas e iniciativas que nunca salen del papel.

Nuestras Cumbres se han convertido en rituales vacíos a los que no asisten los principales líderes regionales.

Como resultado, la CELAC, la única organización que engloba a todos los países de América Latina y el Caribe está paralizada a pesar de los esfuerzos de nuestro querido presidente Petro.

La CELAC no ha emitido ni una sola declaración contra las intervenciones militares ilegales que sacuden nuestra región.

No hemos sido capaces de hacer frente de forma coordinada a desafíos sistémicos como la pandemia de la COVID-19.

Avanzamos lentamente en la lucha contra la delincuencia organizada transnacional.

La lucha contra el calentamiento global sigue careciendo de una acción colectiva más sólida y contundente.

Todos estos desafíos vuelven a plantear la cuestión del modelo de regionalismo posible para América Latina y el Caribe.

En un contexto global de ruptura del orden liberal y resurgimiento del proteccionismo y el unilateralismo, los paradigmas endógenos vinculados al panamericanismo y al bolivarianismo resultan insuficientes.

Tampoco podemos basarnos en modelos de integración que se ajusten poco a nuestras realidades.

Debemos considerar a la Unión Europea como un referente positivo, sin ignorar las diferencias históricas, económicas y culturales.

A corto plazo, el peso de las identidades nacionales hace inviable cualquier proyecto de envergadura similar al europeo.

La proximidad geográfica con la mayor potencia militar del mundo es otra referencia ineludible, ya sea por su presencia o por su distanciamiento, sobre todo en un contexto de recrudecimiento de las tentaciones hegemónicas.

Los líderes regionales no están convencidos de las ventajas de adoptar un proyecto más autónomo de inserción internacional.

Ante las dificultades para acordar un marco teórico propio, nuestros países deberían concentrarse en movilizar los activos sin explotar de la región para promover su inserción competitiva en el orden global.

Disponemos de activos políticos y económicos que pueden dar materialidad al impulso integracionista.

(i) contamos con un gran potencial energético relacionado con las reservas de petróleo y gas, la energía hidroeléctrica, los biocombustibles, la energía nuclear, la eólica y la solar;

(ii) contamos con diversos tipos de suelo y clima, así como con avances científicos y tecnológicos para la producción de alimentos;

(iii) albergamos la mayor selva tropical del planeta, más de un tercio de las reservas de agua dulce del mundo y una gran riqueza de biodiversidad;

(iv) contamos con abundantes recursos minerales, incluidos minerales críticos y tierras raras, que son esenciales para la transición energética y digital.

(v) tenemos pocos conflictos fronterizos;

(vi) somos un importante mercado consumidor de 660 millones de personas;

(VII) no sufrimos graves conflictos religiosos o culturales;

(VIII) contamos con gobiernos mayoritariamente elegidos democráticamente.

América Latina y el Caribe son únicos. Nos corresponde asumir que la integración posible se basará en la pluralidad de opciones.

Si nos guiamos por el pragmatismo, podremos superar las divergencias ideológicas y construir alianzas sólidas y positivas dentro y fuera de la región.

Esa es la única doctrina que nos conviene.

Seguir divididos nos hace a todos más frágiles.

Apreciados amigos y apreciadas amigas,

En un mundo convulso, Brasil ha elegido el camino de la democracia, la paz, el multilateralismo y la integración regional.

Nuestra estabilidad política, social, económica, fiscal y jurídica ha sido reconocida en todo el mundo.

En los últimos años, Brasil ha atraído inversiones extranjeras récord.

Seguimos promoviendo un comercio internacional justo, equilibrado y basado en normas multilateralmente acordadas.

Respondemos al proteccionismo con diálogo, firmeza y apoyo a nuestras empresas.

En 2025 superamos las marcas históricas de exportaciones e importaciones. Nuestro volumen de comercio alcanzó los 629 mil millones de dólares.

Este resultado es fruto de una estrategia consistente de diversificación de alianzas con economías tradicionales y emergentes.

Hemos demostrado que es posible un nuevo modelo de desarrollo inclusivo y sostenible.

Desde 2023, Brasil ha crecido por encima de la media mundial, ha controlado la inflación y ha alcanzado la tasa de desempleo más baja de nuestra historia.

Hemos revalorizado el salario mínimo, aumentado los ingresos de los trabajadores y acercado la justicia fiscal a millones de brasileños.

Una vez más, Brasil ha salido del Mapa del Hambre de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

En dos años, la pobreza ha dado paso a la inclusión social y 17,4 millones de personas han ascendido de clase en Brasil.

Estamos a la vanguardia de la economía verde.

El 90 % de nuestra matriz eléctrica es de origen renovable.

Somos líderes en biocombustibles.

Nuestro "Plan de Transformación Ecológica" ha identificado 90 mil millones de dólares en proyectos que impulsarán la economía verde.

Próximamente lanzaremos una Hoja de Ruta para reducir gradualmente la dependencia de los combustibles fósiles.

A partir de 2023, retomamos nuestros esfuerzos en materia de integración regional con el objetivo de ampliar y diversificar nuestros socios.

Hemos concluido los acuerdos entre el MERCOSUR y Singapur, así como entre el MERCOSUR y la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC).

Tras 26 años de negociaciones, firmamos el acuerdo MERCOSUR-Unión Europea, que abarca un mercado de 720 millones de personas con un PIB de 22 billones de dólares.

Vamos a ampliar los acuerdos comerciales con India y México.

Hemos reanudado las negociaciones con Canadá y avanzado en las negociaciones con los Emiratos Árabes Unidos.

Hemos adoptado marcos para negociar una asociación estratégica con Japón y preferencias arancelarias con Vietnam.

Esperamos avanzar rápidamente en las negociaciones con Panamá, la República Dominicana y El Salvador.

También actualizaremos los acuerdos del MERCOSUR con Colombia y Ecuador.

Brasil está avanzando a gran velocidad en la implementación de su programa Rutas de Integración Sudamericana.

Seguimos comprometidos a trabajar con todos nuestros países vecinos.

Hay decenas de proyectos para mejorar carreteras, vías fluviales, ferrocarriles, puertos y aeropuertos, así como infovías y líneas de transmisión, que tienen el potencial de duplicar el comercio intrarregional en pocos años.

La integración en infraestructura no tiene ideología.

Por eso Brasil defiende la neutralidad del Canal de Panamá, que lleva casi tres décadas siendo administrado de manera eficiente, segura y no discriminatoria.

Nuestro Banco de Desarrollo, el BNDES, ha sido un socio esencial, pero para lograr una mayor integración se requieren más recursos y más cooperación.

Es imperativo movilizar a los bancos multilaterales y regionales —como la CAF, el FonPlata, el BID y el Nuevo Banco de Desarrollo del BRICS— para hacer realidad estas iniciativas.

Con proyectos de generación de energía renovable, innovación y conexión digital, podemos reposicionar a América Latina y el Caribe en la economía internacional.

Los centros de datos, el procesamiento de minerales críticos, la industria verde y la bioeconomía pueden contribuir a un modelo de desarrollo más sostenible e inclusivo.

Somos conscientes de que la economía no existe en el vacío.

El mercado no es una entidad abstracta, separada de la política y la sociedad.

La estabilidad política y social es esencial para crear un entorno propicio para los negocios.

La concentración de la riqueza genera pobreza, hambre y violencia.

América Latina también ostenta el triste récord de ser la región con el mayor número de feminicidios.

Según la CEPAL, cada día son asesinadas once mujeres latinoamericanas.

Esta no es una batalla solo de las mujeres. Nosotros, los hombres, tenemos que sumarnos a esta lucha y asumir la responsabilidad de erradicar la violencia contra las mujeres.

Cuando el pueblo tiene dignidad y seguridad, la sociedad prospera.

Garantizar el acceso a los servicios básicos e implementar políticas para combatir la desinformación y la delincuencia son aspectos esenciales para alcanzar la estabilidad y la democracia.

Para conseguir una integración regional duradera y estratégica, es fundamental involucrar a los actores subnacionales, a la sociedad civil y a la iniciativa privada.

Los sistemas de pago digitales e innovadores, como el PIX que hemos creado en Brasil, pueden impulsar el comercio regional.

Los programas de cooperación entre universidades y centros de investigación crean vínculos basados en el conocimiento y la innovación.

Señoras y señores,

La historia demuestra que el uso de la fuerza nunca allanará el camino para superar los males que afligen a este hemisferio que nos pertenece a todos.

La división del mundo en zonas de influencia y las incursiones neocoloniales en busca de recursos estratégicos son gestos anacrónicos que suponen un retroceso histórico.

A lo largo de la historia, se nos han dedicado muchas doctrinas y corolarios, pero también ha habido momentos en los que Estados Unidos ha sido un socio que ha favorecido nuestros intereses de desarrollo.

El presidente Franklin Roosevelt puso en práctica una política de buena vecindad cuyo objetivo era sustituir la intervención militar por la diplomacia en su política exterior hacia América Latina y el Caribe.

Roosevelt también defendía la construcción de un mundo basado en lo que él denominó las cuatro libertades fundamentales para la defensa de la democracia y los derechos humanos:

Primero: la libertad de expresión, que permite a todos expresar sus opiniones libremente, sin manipulación de datos e información, como vemos hoy en día en las redes digitales.

Libertad de culto: en la que cada uno pueda profesar su fe sin ser perseguido por ello.

Libertad frente a las privaciones: derecho a una vida digna para todos, que incluya acceso a la alimentación, la vivienda y el trabajo.

Y libertad frente al miedo, en la que el desarme limitaría el recurso al uso de la fuerza y las agresiones entre naciones.

Para Brasil, la única guerra que debemos librar en esta parte del mundo es aquella contra el hambre y la desigualdad.

Y las únicas armas que debemos utilizar son las inversiones, la transferencia de tecnología y el comercio justo y equilibrado.

Estimadas amigas y estimados amigos,

Recuperar la confianza en la integración es una tarea ardua, pero necesaria.

Contamos con credenciales económicas, geográficas, demográficas, políticas y culturales excepcionales que nos permiten aspirar a tener una presencia relevante en el contexto mundial.

Necesitamos líderes comprometidos con mecanismos institucionales que articulen de manera equilibrada los distintos intereses nacionales de nuestra región.

La integración regional puede y debe nutrirse de principios y del análisis crítico de otras experiencias históricas.

Sin embargo, esto dependerá de nuestra capacidad para convivir con la diversidad de voluntades políticas.

Esta es una condición esencial para que América Latina y el Caribe se mantengan como una zona de paz y cooperación regida por el derecho internacional.

Esto dependerá de nuestra inserción soberana en el mundo.

Amigos y amigas, voy a tomarme dos minutos más para decirles algo que necesito decirles.

Asumí por primera vez la presidencia de la República a los 57 años, en 2003. En aquel entonces, Brasil estaba muy afectado por la década perdida, debido a una deuda externa impagable, ya que ni siquiera tenía recursos para pagar sus importaciones.

Los directores de la CAF lo saben, porque Brasil recibía a dos agentes del FMI cada año para corregir las finanzas del país. Cuando asumí el cargo, muchos amigos de América Latina pensaban que Brasil no podría salir adelante y que yo no estaría en condiciones de gobernar el país.

Pues bien, lo que ocurrió es que conseguimos llevar a cabo por primera vez una revolución de inclusión social y lograr que las cosas se distribuyeran mejor dentro de la sociedad brasileña, incluyendo a las personas pobres en el presupuesto de la Unión.

Los pobres no pueden ser tratados como si fueran invisibles. No solo existen en época de elecciones. Existen todo santo día.

Y cada vez que nosotros, los gobernantes, debatamos sobre el país, debemos recordar a los pobres, a aquellos que construyen la riqueza del país.

Bien, ¿qué pasó con Brasil, que debía 30 mil millones al FMI? Pagamos la deuda al FMI, acumulamos una reserva internacional de 270 mil millones de dólares, prestamos 15 mil millones de dólares al FMI y Brasil terminó mi mandato con un crecimiento del 7,5 % en 2010. Producíamos 3,6 millones de automóviles al año.

Cuando regresé en 2023, Brasil crecía un 1 %, la industria automovilística producía solo 1 millón 600 mil coches y la inflación era incontrolable. Sin embargo, nosotros volvimos a crecer por encima del 3 % en 2023, 2024 y 2025 por primera vez desde 2010, y seguiremos creciendo con la mayor política de inclusión social de nuestra historia.

Tenemos la menor inflación acumulada en cuatro años de la historia, hoy tenemos la mayor cantidad de personas empleadas de la historia, tenemos el menor desempleo de la historia, tenemos la mayor masa salarial de la historia, tenemos la mayor exportación de la historia y tenemos un futuro prometedor si sabemos trabajar.

Con algo muy sencillo que le dije ayer al futuro presidente de Chile (José Antonio Kast): mucho dinero en manos de pocos significa pobreza, poco dinero en manos de muchos significa riqueza.

Esa es la sencilla magia que debemos hacer. Y otra cosa importante: hoy en día, todo el mundo habla de minerales críticos y tierras raras. ¿Por qué hablamos tanto de tierras raras y minerales críticos? ¿Para seguir exportando materia prima, materia prima en bruto, para que sea transformada en otros países y luego comprar los productos transformados a precio de oro? No, los minerales críticos y las tierras raras solo tienen sentido para enriquecer nuestros países si tenemos el valor de crear alianzas y transformarlos en nuestros países para generar riqueza, empleo y desarrollo.

Y quiero terminar contando la experiencia del que posiblemente sea el presidente más longevo de la historia de mi país. No hay ninguna posibilidad de que ningún país de América Latina pueda resolver los problemas por sí solo. Tenemos 525 años de historia, no son 525 días, son 525 años de historia en los que hemos sido colonizados, recolonizados, y aunque nos independizamos, seguimos colonizados. Porque muchas veces la colonización no está en la interferencia de otros, sino en la formación cultural que ha tenido nuestro pueblo, y necesitamos cambiar nuestro comportamiento. Y necesitamos crear un bloque. Un bloque económico, un bloque que pueda decir que vamos a acabar con el hambre en este país.

En 2014, mi estimado presidente de la CAF, como usted sabe, asumí la presidencia con 54 millones de personas pasando hambre. En 2014, anunciamos el fin del hambre en Brasil, hecho que fue reconocido por la FAO. Estuve fuera durante quince años y, cuando regresé, 33 millones de personas pasaban hambre. En dos años y medio, acabé con el hambre de nuevo.

Por eso es importante que seamos conscientes de que nosotros, los líderes electos, hemos sido elegidos para gobernar con el fin de mejorar la vida de los ciudadanos, ya que, de lo contrario, no tendría sentido ocupar la presidencia de la República. El reto al que se enfrentan, se lo digo de corazón, como si estuviera hablando con mis hermanos, es que no hay nadie, ningún país del mundo, que pueda resolver los problemas de cada país de forma individual. Somos nosotros, los chilenos, los argentinos, los colombianos, los panameños, los venezolanos, los hondureños. Somos nosotros los que tenemos que tener la voluntad de resolver nuestros problemas y hacer que nuestro país sea rico. Si no pensamos así, terminaremos este siglo tan pobres como lo comenzamos.

Muchas gracias y buena suerte.

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