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Você está aqui: Inicio Seguir al Gobierno Discursos y Pronunciamientos 2026 Pronunciamiento del presidente Lula en la Reunión de Jefes de Estado de la CELAC-África
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Pronunciamiento del presidente Lula en la Reunión de Jefes de Estado de la CELAC-África

Pronunciamiento del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en la Reunión de Jefes de Estado CELAC-África, celebrada en Bogotá el 21 de marzo de 2026
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Publicado en 21/03/2026 00:00 Actualizado en 23/03/2026 17:19

Quisiera expresar mi agradecimiento al presidente Gustavo Petro y a la vicepresidenta Francia Márquez por organizar el primer Foro de Alto Nivel CELAC-África.

No podría haberse elegido una fecha mejor para celebrar este encuentro que el 21 de marzo, Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.

En 2021 y 2025, la Comunidad del Caribe (CARICOM) organizó sus propios encuentros con África.

Esta iniciativa colombiana retoma el proceso iniciado con las Cumbres Sudamérica-África, que acercaron nuestros continentes entre 2006 y 2013.

La Unión Africana es una fuente de inspiración para la integración en nuestra región.

Demuestra que es posible apostar por la institucionalidad regional, incluso ante la diversidad de proyectos políticos nacionales.

Brasil, América Latina y el Caribe forman parte de la sexta región de la Unión Africana.

En nuestros países viven 153 millones de personas afrodescendientes.

Salvador, que el año pasado fue sede de la Conferencia Regional de la Diáspora Africana en las Américas, es la ciudad con mayor población negra fuera del continente africano.

Los debates que han tenido lugar en Bogotá durante los últimos días han priorizado las reparaciones históricas, en consonancia con la postura de la Unión Africana.

A pesar de haber implementado diversas políticas públicas de igualdad racial, como las leyes de cuotas, Brasil aún está lejos de saldar su deuda con África por 350 años de esclavitud.

Hacer frente juntos al legado colonial es el mejor homenaje que podemos rendir a nuestra historia compartida.

Estimados amigos y amigas:

Hoy también quiero hablar sobre el futuro.

Existen fuertes sinergias entre la Agenda 2063 de la Unión Africana y las prioridades de la CELAC.

El siguiente paso en este acercamiento supondrá la organización de una Cumbre de líderes de la CELAC y de África.

Para preparar esta iniciativa, quiero proponer cinco ejes de acción que podrían formar parte de la agenda futura:

En primer lugar, la lucha contra el hambre.

340 millones de personas pasan hambre en América Latina, el Caribe y África.

Esta situación es inaceptable en un mundo que produce alimentos suficientes para todos.

América Latina y el Caribe han demostrado que es posible progresar mediante políticas públicas eficaces.

África cuenta con un enorme potencial agrícola y puede llegar a ser un gran productor mundial de alimentos.

Brasil se ha comprometido a contribuir a este esfuerzo.

La Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA) ha vuelto al continente africano con una Oficina de Cooperación en Adís Abeba.

El año pasado celebramos en Brasilia el II Diálogo Brasil-África sobre Seguridad Alimentaria, Lucha contra el Hambre y Desarrollo Rural.

De ese mismo espíritu de solidaridad nació la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza.

Lanzada en el G20, la iniciativa cuenta actualmente con la adhesión de 103 países.

El segundo aspecto es la lucha contra el cambio climático y la preservación del medio ambiente.

Egipto y Brasil han sido recientemente las sedes de las Conferencias de las Partes (COP) sobre el clima. Pronto le tocará el turno a Etiopía.

Aunque históricamente no hemos sido los responsables del calentamiento global, somos los más afectados por los fenómenos climáticos extremos.

Compartimos la preocupación por combatir la desertificación.

Compartimos la responsabilidad de proteger las dos selvas tropicales más extensas del mundo: la Selva Amazónica y la del Congo.

Colaboramos en diversos foros para combatir los delitos medioambientales, que actualmente constituyen la tercera mayor fuente de ingresos del crimen organizado.

Trabajamos juntos para la puesta en funcionamiento del Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF).

Esta iniciativa ha movilizado casi siete mil millones de dólares.

No se trata de donaciones. Los beneficios generados por el TFFF se repartirán entre los países con bosques tropicales y los inversionistas.

La ciencia ha demostrado que, sin una transición hacia economías con bajas emisiones de carbono, no será posible evitar la crisis climática.

Por este motivo, la transición energética también debe ser uno de los ejes de la acción conjunta.

Nuestro enorme potencial para producir energía limpia a partir de fuentes solares, eólicas e hidráulicas contrasta con el limitado acceso a la electricidad que hay en muchas zonas de nuestros continentes.

La creación de un mercado internacional de biocombustibles ofrece oportunidades de desarrollo local y hace posible la descarbonización de la economía.

Nuestros países también cuentan con importantes reservas de minerales críticos que desempeñan un papel estratégico en la transición hacia economías con bajas emisiones de carbono.

La cooperación entre los países que poseen estos recursos minerales será fundamental para añadir valor en nuestros propios territorios y evitar las iniciativas neoextractivistas.

Nuestros continentes no pueden quedarse atrás a la hora de aprovechar los beneficios que la inteligencia artificial puede aportar en materia de agricultura, salud, educación y seguridad.

Este desafío debe constituir una nueva vertiente estratégica de nuestra relación.

Las inversiones en infraestructura digital son fundamentales para superar el déficit crónico de nuestras regiones en materia de alta tecnología.

Contamos con una juventud dinámica, energía barata y los recursos estratégicos necesarios.

No obstante, para dar este salto tecnológico, es necesario fortalecer las capacidades endógenas en materia de gobernanza de datos, infraestructura digital y cualificación de los recursos humanos.

El Plan Brasileño de Inteligencia Artificial prevé dos líneas de financiamiento para la cooperación con África y América Latina.

Se trata de veinte millones de dólares para financiar proyectos conjuntos y diez millones para el uso de infraestructuras de inteligencia artificial (IA) brasileñas.

Necesitamos un modelo de cooperación que concilie la gobernanza digital y el respeto a los derechos fundamentales para fortalecer nuestra soberanía.

La regulación del mundo virtual no es un mecanismo de control. Es, ante todo, un instrumento de inclusión y protección de las personas.

Para hacer frente a los discursos de odio, la desinformación, la pornografía infantil y la misoginia, Brasil está actualizando su legislación.

Recientemente, hemos aprobado el Estatuto Digital del Niño y del Adolescente para proteger a nuestros niños también en el mundo virtual.

Los intercambios comerciales y los flujos de inversión consolidan las relaciones políticas entre los países.

Por eso, deben constituir otro eje fundamental de la relación.

África es un continente en pleno dinamismo, impulsado por una población joven y por la rápida urbanización.

La Zona de Libre Comercio Continental Africana, que entró en vigor en 2021, es la mayor del mundo.

Abarca 1,3 mil millones de personas y tiene un PIB conjunto de 3,4 billones de dólares.

El MERCOSUR ya cuenta con un Acuerdo de Libre Comercio con Egipto y con un Acuerdo de Comercio Preferencial con la Unión Aduanera del África Meridional.

Es estratégico ampliar y profundizar en estas iniciativas.

La creación de sinergias entre el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Africano de Desarrollo es imprescindible para ampliar el financiamiento de proyectos conjuntos.

Señoras y señores:

Nuestros continentes agrupan a casi la mitad de los países del mundo y a una cuarta parte de la población mundial.

Sin embargo, seguimos sufriendo las consecuencias de un orden desigual establecido en una época en la que el colonialismo y el apartheid prevalecían en muchas partes del mundo.

No tiene sentido que América Latina y África no cuenten con una representación adecuada en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Las guerras de Ucrania, Gaza, Irán y otros muchos conflictos nos alejan del camino del desarrollo.

Tienen repercusiones económicas, sociales y políticas en todo el mundo.

Aumentan los precios de la energía y los alimentos.

Debemos mantener el Atlántico Sur libre de disputas geopolíticas ajenas.

Ese es el objetivo de la reunión ministerial de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur que Brasil organizará el 9 de abril.

Brasil, América Latina y el Caribe colaboran con África en muchas otras iniciativas multilaterales.

Luchamos para que se renueve durante otros diez años la Década Internacional de los Afrodescendientes (2025-2034) y para que se elabore una Declaración de los Derechos Humanos de las Personas Afrodescendientes.

Brasil apoya la resolución del Grupo Africano en la Asamblea General de la ONU que declara la trata de esclavos africanos como uno de los crímenes más graves contra la humanidad.

La reforma de la Organización Mundial del Comercio, presidida actualmente por la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala [Ingozi Ôconjo Iuêala], es imprescindible y urgente.

Si el Sur Global no actúa de forma cohesionada, la próxima reunión ministerial de la OMC en Camerún corre el riesgo de consolidar un escenario de parálisis que iría en contra del comercio basado en normas multilateralmente establecidas.

Estimados amigos y amigas:

El puente entre nuestras regiones no se construye solo con acuerdos y declaraciones.

Se construye con personas, con una diáspora que nos une.

El geógrafo brasileño Milton Santos nos enseñó que el territorio no es solo suelo, sino historia viva.

Latinoamérica, el Caribe y África constituyen un mismo territorio existencial marcado por la resistencia y la lucha por la dignidad.

No quiero perder la oportunidad de decirles que estoy muy preocupado por lo que está sucediendo en el mundo hoy en día.

Es importante que no olvidemos nunca que el mundo actual está viviendo la mayor concentración de conflictos desde la Segunda Guerra Mundial.

Es importante que no olvidemos que el año pasado se gastaron 2,7 billones de dólares en armas y guerras, mientras que 630 millones de personas siguen pasando hambre.

Todavía hay millones de seres humanos sin electricidad.

También hay millones de seres humanos sin acceso a la educación, así como millones de mujeres y niños que son víctimas de guerras fratricidas y quedan abandonados sin documentos, sin residencia y sin tener siquiera una patria donde vivir.

Por eso insistimos en que es necesario que nos detengamos a reflexionar sobre nuestro comportamiento.

Nosotros ya no somos países colonizados. Hemos conquistado la soberanía con nuestra independencia. No podemos permitir que nadie se entrometa y atente contra la integridad territorial de cada país.

Lo que estamos presenciando en el mundo es la falta total y absoluta de funcionamiento de las Naciones Unidas. El Consejo de Seguridad de la ONU y sus miembros permanentes se crearon para mantener la paz. Sin embargo, son ellos quienes están provocando guerras.

¿Cuándo vamos a tomar medidas para impedir que los países más poderosos se crean dueños de los más frágiles?

¿Cuándo convocará la ONU una reunión extraordinaria para decidir el papel de los miembros del Consejo de Seguridad?

¿Por qué no se renueva? ¿Por qué no se incluyen más países en el Consejo de Seguridad de la ONU?

Como ser humano, como demócrata y como presidente de Brasil, estoy indignado por la pasividad de los miembros del Consejo de Seguridad, que no han sido capaces de resolver el problema en la Franja de Gaza, que no han sido capaces de resolver el problema en Irak, que no han sido capaces de resolver el problema en Libia, que no han sido capaces de resolver el problema en Ucrania, que no han sido capaces de resolver el problema en Irán.

¿Es decir, que todo se resuelve con la guerra? ¿Es decir, que quien tiene más cañones, quien tiene más barcos, quien tiene más aviones, quien tiene más dinero, se cree dueño del mundo?

¿Cuándo vamos a decir que eso no es normal? ¿Cuándo vamos a decir que queremos volver a tener una relación civilizada entre las naciones, que no vamos a permitir el fin del multilateralismo y que vamos a garantizar que solo la paz puede hacer que se desarrolle el mundo pobre?

¿Qué aporta una guerra, salvo muerte y destrucción? ¿Y cuándo vamos a reaccionar?

Quisiera decirles que, en 2010, en 2010, fui a Teherán, junto con el presidente de Turquía, para convencer al Gobierno de Irán de que no podía enriquecer uranio para fabricar armas nucleares.

Y fui a decirle a las autoridades iraníes, a Jameneí [Ali, exlíder supremo de Irán] y a Ahmadineyad [Mahmud, expresidente de Irán], que aceptaríamos que enriquecieran uranio en la misma proporción en que lo hace Brasil: con fines pacíficos, con fines científicos.

Llegamos a un acuerdo, llegamos a un acuerdo; pero cuando se publicó, en lugar de que los países europeos y Estados Unidos aceptaran el acuerdo, intensificaron el bloqueo contra Irán.

Y lo curioso es que, esto ya se ha publicado en la prensa, no es ningún secreto. Yo había recibido una carta del compañero Obama [Barack, expresidente de Estados Unidos], en la que me decía, si el señor Ahmadinejad aceptaba ese acuerdo, todo estaría en orden.

Así que hicimos que Ahmadineyad firmara el acuerdo tal y como estaba redactada la carta de Obama.

Para mi sorpresa, cuando se hizo público dicho acuerdo, tanto Europa como Estados Unidos endurecieron el bloqueo.

Unos años después, firmaron otro acuerdo peor que el que habíamos hecho nosotros.

Y ahora han invadido Irán con el pretexto de que estaba construyendo una bomba nuclear. ¿Dónde están las armas químicas de Sadam Husein? ¿Dónde están? ¿Quién las ha encontrado?

Es decir, ¿no podemos seguir viviendo en un mundo de mentiras en el que se crean enemigos y se construye una imagen negativa de estos para justificar su destrucción? ¿En qué mundo estamos?

He escuchado al representante de Mozambique hablar de los minerales críticos y las tierras raras.

Aquí, en este pleno, todos sabemos por experiencia que a nuestros países ya se les ha saqueado todo el oro que tenían, toda la plata que tenían, todos los diamantes que tenían, todo el mineral que tenían.

Después de llevarse todo lo que teníamos, ahora quieren ser dueños de los minerales críticos y las tierras raras que tenemos.

Veo a Bolivia ahí. Veo al canciller boliviano [Fernando Aramayo Carrasco].

Es decir, ya se han llevado casi todo de Bolivia. Ahora que Bolivia cuenta con minerales esenciales, es la oportunidad para Bolivia, es la oportunidad para África, es la oportunidad para que América Latina no acepte ser solo un exportador de minerales para ellos.

Que venga quien quiera a instalarse y producir en el país, para que tengamos la oportunidad de desarrollar nuestro país; ya fuimos colonizados, luchamos por la independencia, ya conquistamos la democracia, ya la perdimos, y ahora quieren colonizarnos de nuevo.

Así que, compañeros y compañeras,

Yo no podía faltar a esta reunión.

Llegué aquí a las dos de la madrugada para participar en esta reunión. ¿Por qué tenemos que levantar la cabeza? No es posible que alguien se crea dueño de los demás países.

¿Qué le están haciendo a Cuba ahora? ¿Qué le hicieron a Venezuela? ¿Eso es democrático?

¿En qué párrafo y en qué artículo de la Carta de la ONU se dice que el presidente de un país puede invadir otro? ¿En qué documento del mundo se dice eso? Ni siquiera en la Biblia.

No hay nada que permita que eso ocurra. ¿Se trata de utilizar la fuerza y el poder para colonizarnos de nuevo?

Es decir, ¿no tendremos ninguna oportunidad ahora que hemos descubierto que tenemos tierras raras, que tenemos minerales críticos?

¿Ahora que podemos aspirar a dar un salto cualitativo en la producción de combustibles alternativos?

Es decir, debemos alzar la voz con fuerza para no permitir que esto ocurra en otros países, como ya ha sucedido recientemente en Gaza.

Nunca olvido, estimados amigos y amigas, que en diciembre de 2002, cuando ya había sido elegido presidente de la República de Brasil, el presidente Bush [George W., expresidente de los Estados Unidos] me invitó a ir a Washington para conversar con él. Aún no había asumido la presidencia.

Él quería que participara en la Guerra de Irak.

Le dije: Pero, señor presidente, no conozco a Saddam Hussein. Irak está a 14. 000 kilómetros de mi país. Nunca he estado en Irak.

¿Por qué entrar en guerra con él? ¿Por qué destruir para reconstruir?

Porque en aquel momento me dijeron que, si participaba en la guerra, las empresas brasileñas ayudarían a reconstruir Irak. ¿Por qué voy a destruir para reconstruir? Si ya está construido, que se quede así.

Le dije: Presidente Bush, yo no participo en la guerra de Irak.

Mi guerra es contra el hambre de 54 millones de brasileños que no tienen qué comer. Y esa guerra la voy a ganar. Y la gané.

En 2014, acabamos con el hambre en Brasil.

Ahora, cuando volví a la presidencia de la República, ya había 33 millones de personas pasando hambre de nuevo. En solo dos años y medio, hemos vuelto a sacar a 33 millones de personas del hambre.

Esa lucha que tenemos que librar para acabar con el hambre en África y en América Latina, acabar con el analfabetismo y acabar con la falta de electricidad, es esa guerra la que tenemos que librar.

Por eso, perdóneme, estimada vicepresidenta [Francia Márquez, de Colombia], no podía dejar de decirlo. Porque estamos perdiendo el derecho a indignarnos.

Estamos perdiendo ese derecho. ¿Creen que quiero la guerra contra alguien?

No quiero guerra con nadie. Ni con la isla más pequeña del mundo, ni con la isla más pequeña del mundo, y mucho menos con Estados Unidos, con China o con Rusia.

Lo que quiero es argumentar. Lo que quiero es construir narrativas.

Porque solo con narrativas podremos decir que vamos a construir un mundo en el que nuestros hijos y nuestros nietos puedan creer que mereció la pena que fuéramos el gobierno del país en el que nacimos.

Muchas gracias, estimados amigos.

Gracias.

Tags: CELACForo de Alto Nivel CELAC-África
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